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El cerebro utiliza aproximadamente el 20% de la energía total del organismo, y para ello precisa recibir el suficiente riego sanguíneo, con los nutrientes necesarios para su funcionamiento, especialmente oxígeno y glucosa.

La preservación de una adecuada microcirculación será beneficiosa para nutrir, entre otros, sus mecanismos de relación con el entorno y mantenimento del equilibrio.

Hasta un 30% de la población refiere que en algún momento ha sufrido un cuadro de pérdida de equilibrio o de percepción de  inestabilidad respecto al entorno.

A este tipo de cuadros se les conoce con el término de vértigo, que se define como una sensación de movimiento o giros, con mareo y sensación de aturdimiento. Puede estar desencadenado por múltiples causas, por ejemplo algún trastorno del oído interno, un momento de hipotensión, un cambio postural, puede también tener su origen en una artrosis cervical, en enfermedades neurológicas y neurodegenerativas, estar asociado a la toma de algunos medicamentos, a padecer anemia o deshidratación.

La palabra vértigo nos sugiere esa sensación de incertidumbre e inseguridad que a veces aparece cuando nos enfrentamos a una situación desafiante. Es frecuente que esta sintomatología se asocie a momentos de cambio y nuevos retos personales. Momentos en los que lo que se necesita especialmente es tener la habilidad de soltar los miedos y apostar por uno mismo, confiando en la existencia y el acceso a recursos hasta ahora no reconocidos. El miedo a no tener el control y a la falta de capacidad para enfrentarse a ello también suelen estar relacionados.

Es curioso que el movimiento de giro se relacione desde antiguo con lo trascendente. Son muchas las danzas y rituales alrededor del mundo que lo utilizan como un instrumento de elevación. El giro como “escalera”. La danza de los derviches es un buen ejemplo de la utilización del giro como medio para entrar en trance e ir más allá en busca de respuestas y conexión con lo divino. Pero hay una gran diferencia entre aquellos que buscan experimentar el giro como elección y aquellos que lo padecen como algo que les asalta. ¿Por qué no contemplar el síntoma como una señal inconsciente de algún proceso que está pasando desapercibido?

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Se pueden distinguir diferentes formas. Hablamos de vértigo periférico cuando proviene del oído como órgano del equilibrio. Se distingue el vértigo paroxístico benigno, más cuadro más frecuente, de corta duración y desencadenado por los cambios de posición. La enfermedad de Menière corresponde a una patología crónica del oído interno con exceso de endolinfa (líquido que llena las cavidades del oído interno), se acompaña de síntomas como pérdida auditiva, acúfenos o pitidos y vértigo recurrente. Otras afecciones del oído interno también provocan este molesto síntoma.

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A parte de los derivados del oído, existen vértigos de origen central, como el vinculado a alteraciones vasculares: arterioesclerosis, por tabaquismo, toma de medicamentos (aspirina, anticonvulsivantes) consumo de bebidas alcohólicas, enfermedades degenerativas del sistema nervioso, migrañas, etc.

Además de la molestia, a veces incapacitante, el vértigo en las personas mayores tiene un efecto negativo adicional, pues aumenta el riesgo de caídas con las consiguientes fracturas.

Lo que se conoce por cinetosis es un trastorno provocado por el movimiento, relativamente frecuente cuando se viaja en automóvil, avión o barco, y se caracteriza por una sensación de malestar general, sudor frío y mareo. A su vez, se acompaña habitualmente de náuseas y vómitos. Observemos que con frecuencia sucede cuando a nivel cerebral no se produce la coordinación entre los estímulos que provienen de los ojos y del oído interno, donde radica el sentido del equilibrio. Si por ejemplo, mientras viajamos coche o autobús fijamos la vista en la lectura o en el teléfono móvil, los ojos están enfocados en algo que no se mueve, mientras que el oído interno, sí percibe el movimiento del vehículo, lo que genera esa desinformación central.

Viajar nos da la oportunidad de cruzar los límites del territorio conocido para enfrentarnos a nuevas oportunidades de aprendizaje abriendo nuestra mente. Disfrutar la experiencia requiere de una posición personal flexible y curiosa. Si se pretende trasladar el ambiente en el que se vive habitualmente allí donde se viaja, la vivencia puede ser estresante. De modo que aquellas personas con mayor resistencia a la adaptación y al cambio percibirán con mayor estrés el hecho de desplazarse. La coordinación ojo-oído sugiere la necesidad de coherencia entre las distintas informaciones que procesa el cerebro. Del mismo modo, la coherencia entre lo que pienso, lo que siento y lo que hago es un factor determinante en el “equilibrio” de la persona.

Para reforzar nuestros mecanismos de adaptación y mitigar los efectos del vértigo y la cinetosis contamos con CONIVER,  formulación que lleva en su composición elementos beneficiosos para la nutrición de las funciones del sistema nervioso central, especialmente para el mantenimiento del equilibrio, por lo que será de utilidad en caso de vértigos y mareos. Igualmente, CONIVER nutre y favorece la microcirculación cerebral y por tanto mejora el funcionamiento del cerebro en todas sus potencialidades. El cerebro sigue siendo un gran desconocido y son muchas las funciones y los procesos que no se conocen con exactitud. Se calcula que una persona utiliza entre un 5 y un 10% de su capacidad cerebral total. El 90-95% restante se corresponde con capacidades inconscientes que pasan desapercibidas para la mente racional y consciente y que son una fuente de potenciales muy importantes.

Entre los componentes de CONIVER encontramos:

Centella asiática (hidrocotile asiática): es conocida como la planta de la longevidad, en buena medida por sus conocidas propiedades sobre la elasticidad de la pared vascular donde ejerce un efecto beneficioso sobre la microcirculación. Tiene, además, propiedades antioxidantes y un efecto neuroprotector.

Juglans regia (nogal): se le atribuyen propiedades antioxidantes, neuroprotectoras e hipolipemiantes. Disminuye el riesgo de la formación de coágulos. Modula asimismo la respuesta inflamatoria de la pared vascular.

Viscum album (muérgago blanco): presenta una acción vasodilatadora, según se expone en farmacopeas tradicionales. Sus ácidos fenólicos y flavonoides le confieren actividad antioxidante.

Vitis vinifera (vid roja): clásicamente empleada como vasoprotectora y venotónica, ofrece una correcta regulación sobre la microcirculación, ya que aumenta la elasticidad de los vasos sanguíneos y reduce la permeabilidad vascular. Debido a sus antocianos y resveratrol, tiene actividad hipolipemiante y antiaterogénica, disminuyendo la agregación plaquetaria y previniendo la formación de trombos.

Zea mays (maíz): le es reconocida una importante acción antioxidante, que la hace muy útil en procesos crónicos, ateroesclerosis, envejecimiento general y neurológico, en concreto, y todo proceso que pueda favorecer la aparición de vértigos. Su contenido en ácidos grasos poliinsaturados y flavonoides le confieren acción hipolipemiante y antiateromatosa. Debido a sus flavonoides tiene acción vasodilatadora y protectora sobre las paredes arteriales y capilares, así como actividad antiagregante plaquetar.

CONIVER incluye, además, Vitamina B5 o ácido pantoténico, y tiamina o vitamina B1, ambas beneficiosas para el normal funcionamiento del sistema nervioso, magnesio, imprescindible para la transmisión nerviosa y también calcio que contribuye a la correcta transmisión del impulso nervioso.

Gracias a la acción de sus componentes, ayuda en la integración del oído interno y del sentido de la vista y en el cuidado de  la microcirculación, haciendo de él un aliado indispensable en situaciones de vértigo y mareos.

Mantén tu equilibrio y estabilidad de manera natural con CONIVER