Una nueva palabra se escucha con frecuencia, en la calle y en las consultas, aunque de momento no aparezca en el diccionario: nos referimos, cómo no, al “maskné”.

El uso prolongado de mascarilla es obligado para muchos de nosotros y, para quien trabaja fuera de casa, la debe portar durante la mayor parte del día. Esto, según se ha podido observar, acarrea con frecuencia problemas a nivel de la piel. Maskné es el neologismo que los incluye.

Este término comprende, por ejemplo, lesiones por roce alrededor de la nariz, en los pómulos, la barbilla y detrás de las orejas, y la aparición, por la oclusión prolongada de las áreas de la cara que quedan cubiertas, de erupciones pruriginosas, espinillas, pústulas o forúnculos: el acné del adulto.

El maskné se atribuye al contacto con materiales extraños, acúmulo de humedad y sebo y el consiguiente cambio en el ecosistema. Se crea un clima cálido y húmedo en torno a la nariz y la boca que favorece la proliferación de microorganismos y un bloqueo de la unidad pilosebácea.

Afecciones preexistentes de la piel como dermatitis seborreica o atópica, acné, urticaria por presión o rosácea, que denotan un cutis especialmente sensible a las agresiones de cualquier tipo, pueden agravarse por el uso continuado de la mascarilla.

La piel de las manos también se ve expuesta a agentes agresivos, con los lavados más frecuentes, el empleo de geles hidroalcohólicos y de guantes de nitrilo, afectando las capas de éstas.

Dermis y epidermis constituyen, con las mucosas, la primera línea de defensa del organismo frente a las agresiones externas. Por ello, es interesante recordar que, aunque en un primer momento no se objetiven lesiones, el uso continuado de la mascarilla favorece que la piel se haga más vulnerable y sea oportuno en consecuencia brindarle especial cuidado y nutrición para mejorar su aspecto y reforzar su papel de barrera.

Es recomendable la higiene cutánea con jabones neutros; una hidratación general adecuada, tomar frutas y verduras frescas, evitar tocarse la cara y el uso de cosméticos agresivos.

La mascarilla debe cambiarse con frecuencia y debe estar limpia; cuando se usen guantes, elegirlos, si es posible, sin polvo para minimizar la formación de residuos y nunca ponerlos sobre las manos húmedas.

En todo tema vinculado a la piel, no nos podemos olvidar del papel regulador que acarrean los microorganismos que viven en nuestra superficie. Bacterias y hongos conviven con nosotros, regulando el medio cutáneo. Esta comunidad de organismos, conocida como microbioma cutáneo, cumple un papel fundamental en el estado de nuestra barrera cutánea. Sin embargo, es importante su equilibrio cuantitativo como cualitativo, ya que un exceso de unas especies bacterianas en detrimento de otras puede causar fenómenos como los del acné o incluso agravar otros como la psoriasis.

El ambiente anormal que propician los elementos protectores de mascarillas, guantes y geles hidroalcohólicos requieren de suplementación para que sus efectos preventivos no ocasionen daños secundarios.

Resultan particularmente beneficiosos los complementos nutrientes para la piel y los ricos en pre y probióticos, que promueven la reparación natural de la piel y refuerzan el sistema defensivo.

DERMASPAG

Lactobacillus paracasei GMNL-133

Lactobacillus fermentum GM-90

Biotina Su asociación contribuye al restablecimiento y mantenimiento de la adecuada microbiota cutánea, regula la respuesta inmunitaria y repara las pieles irritadas.

DERALBEL

Complemento con organotropismo por la piel, recomendable en trastornos inflamatorios cutáneos, infecciones por bacterias, virus u hongos, acné vulgar y quístico, descamación y prurito.

La suplementación con estos productos de Laboratorios HELIOSAR, de venta en farmacia, ayuda en la compensación de todos estos fenómenos asociados a los mecanismos de protección con los que nos vemos abocados a vivir en la situación actual.

¡Que la mascarilla no te marque!