La relación del sistema inmune con las emociones

En la actualidad para nadie es un secreto el papel que desempeñan las emociones humanas en la concepción de la salud integral y en el desarrollo de las enfermedades. En este sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS) afirma que más del 90% de las enfermedades tienen un origen psicosomático. Por otra parte, estudios en humanos y animales han demostrado la influencia psicológica y neurológica en el funcionamiento del sistema inmune.

La psiconeuroinmunología, término acuñado hace ya varias décadas, concretamente en 1975, cuando Robert Ader, psicólogo, y Nicholas Cohenen, inmunólogo, demostraron, en un experimento realizado en la Universidad de Rochester, la estrecha relación entre el sistema nervioso e inmunitario o lo que es lo mismo, qué desempañan nuestras emociones en el sistema inmune y viceversa. Nos aconseja evitar la tristeza y los desórdenes emocionales, ya que puede ser la escotilla por donde se deslicen un verdadero maremoto de virus y bacterias.

¿Qué son las emociones?

¡La chispa de la vida! Vivir significa sentir. Aunque lo cierto es que resulta complejo definir una palabra que guarda en sí misma la esencia fundamental del ser humano.

Etimológicamente, la emoción, emotio, apunta a algo que se pone en movimiento. Es, en sí misma, una combinación de reacciones bioquímicas, energéticas y fisiológicas encargadas de enviar con la rapidez de un rayo información al cerebro preparándole para la acción, y este, a su vez, de manera mecánica y ultrarrápida, responde.

La emoción moviliza a la persona y crea estados mentales y comportamientos beneficiosos o perjudiciales, provechosos o nocivos. Forman parte de nuestra existencia, constituyen la respuesta natural del organismo a los acontecimientos de la vida. Unas emociones nos producen dolor y amargura; otras vida y dicha

Un viento frio y cruel invade la medula de los huesos: es el miedo
Una caterva de demonios acosa a sangre y fuego hasta la desesperación: es la ira
Un veneno lento y letal que corroe las vísceras: es la culpa
Una gangrena que lo pudre todo: es el miedo
Una sombra plomiza que aplasta y destruye: es la tristeza
Pero…
Al alba, la sonrisa de un niño ilumina más que el sol: es la ternura
Unos ojos claman al cielo de besos y hermosuras: es el amor
Risas y cascabeles prenden en fiestas y corazones: es la alegría
Un alma que se limpia con el agua de la reconciliación: es el perdón

Aprender a gestionar las emociones es aprender a vivir de manera más saludable y plena. Una oportunidad de descubrir una nueva forma de cambiar la mirada con la que contemplamos el mundo.

Mirar el mundo con ojos más venturosos

La medicina y la neurociencia actual aportan datos muy interesantes acerca de lo que significa para nuestra salud y bienestar, mirar el mundo con ojos más venturosos.

Un ejemplo de ello es el estudio realizado en 2003 por un equipo de investigadores de la Universidad norteamericana de Wisconsin centrado en las respuestas del córtex prefrontal en el sistema inmune. En él, se asegura que la parte derecha del córtex está asociada a emociones negativas, es decir, el cerebro emite una respuesta inmune más débil ante enfermedades.

Nuestro modelo de enfoque en la vida, botella medio llena o medio vacía, puede afectar directamente a nuestra respuesta inmunológica. Quizá por ello, Henri de Mondebille, anatomista y cirujano francés, propuso, alrededor del 1300, precisamente, la alegría como ayuda en la recuperación de los pacientes que habían sufrido intervenciones quirúrgicas.

Comprender tus emociones es acercarte al conocimiento de ti mismo. “Quien se conoce de verdad está llamado a ser feliz de verdad”, afirmaban los pensadores griegos. Uno de los siete sabios lo dejó inscrito en el frontispicio del templo de Delfos: Nosce te ipsum.

Para saber más sobre la influencia de las emociones en nuestro sistema inmunológico en particular y nuestro bienestar, en general, hemos solicitado la colaboración de Emilia Guerrero licenciada en Psicología, master en Psicosomática Clínica y Humanista y especialista en Yatromatesis.

ENTREVISTA a Emilia Guerrero

  • ¿Cómo afectan las emociones al sistema inmunológico?

La emoción es un interruptor que activa muchas reacciones encadenadas en nuestro cuerpo. El sistema inmunológico tiene una relación muy estrecha y directa con lo emocional. A grandes rasgos, las emociones son percibidas como positivas (cuando las relacionamos con sentimientos agradables como la alegría o la felicidad) y negativas (relacionadas con sentimientos desagradables como el miedo y la ira). Ambas cumplen un papel muy importante en los mecanismos de adaptación y aprendizaje y no debemos considerarlas como buenas o malas.

Cuando las emociones positivas son más frecuentes, la persona siente paz y tranquilidad, consiguiendo que el sistema de defensa del organismo tenga una función adecuada. Por el contrario, si predominan las negativas, el sistema inmune se deprime, siendo esto la puerta de entrada de muchas patologías.

  • ¿Cómo se explica la relación entre emociones y sistema inmune?

Imagina que estás dándote un baño en un río de aguas limpias en el que crecen hermosas plantas y nadan peces. Nadas plácidamente contemplando toda esa belleza y equilibrio. Ahora cambia de escenario e imagina que el río tiene agua turbia que no te deja ver el fondo. Huele mal y no hay rastro de vida. ¿Te gustaría zambullirte dentro? No lo creo.

Pues eso es exactamente lo que le ocurre a nuestro sistema inmunológico. Cuando vivimos envueltos en emociones positivas, el sistema inmune funciona en equilibrio y tiene reacciones eficaces de adaptación. Pero cuando todo lo que sentimos es negativo, el sistema de defensa se ve forzado a vivir en un permanente estado de alerta que termina por minar y desgastar sus recursos.

  • ¿El desánimo puede alterar las hormonas que modulan el sistema inmune? ¿Cuáles son sus consecuencias?

Por supuesto. Un ejemplo sencillo lo encontramos cuando alguien se lleva un disgusto y poco después le aparece un herpes en los labios. El virus se mantenía latente, pero el buen funcionamiento inmunológico no le permitía actuar sobre el tejido. La experiencia emocional negativa hace disminuir la eficacia del sistema de defensa y el virus tiene la oportunidad de pasar a la acción con éxito. Las hormonas actúan como transmisoras de la información entre los distintos sistemas implicados.

En pacientes deprimidos encontramos toda una serie de conductas que nos hablan de la incapacidad que sienten para enfrentarse al mundo exterior. Les cuesta levantarse de la cama, relacionarse con los demás, desempeñar sus funciones profesionales, hay una disminución importante del deseo sexual, entre otras alteraciones. Si pensamos en el sistema inmunológico como un ejército que mantiene a salvo las fronteras de nuestro territorio y que además favorece la conquista de nuevos objetivos, es fácil ver la relación entre lo anímico y lo inmune.

Hay una línea de investigación reciente que estudia la depresión como un proceso inflamatorio del sistema nervioso. La inflamación es la respuesta inmunológica básica. Actuando sobre la correcta respuesta inmune, mejoran los síntomas depresivos. Curioso, ¿verdad?

Desde el abordaje en Yatromatesis, en pacientes depresivos, puedo confirmar los buenos resultados obtenidos al tratar la depresión como un fracaso de la respuesta inmunológica.

  • En alguna ocasión he escuchado que las personas que se sienten víctimas de las circunstancias aumentan su nivel de cortisol, ¿qué hay de cierto? ¿qué sucede en nuestro cuerpo cuando tiene exceso de esta hormona?

El cortisol es conocido como la hormona del estrés y esto le da una mala fama inmerecida. Gracias a ella, nos activamos en los momentos que lo necesitamos, mantenemos la concentración y memorizamos mejor. Además, interviene en el ciclo de sueño y vigilia y controla los niveles de azúcar en sangre o la presión arterial, entre otros.

¿Cuándo el cortisol pasa a ser un problema? Cuando hay demasiada cantidad y durante demasiado tiempo.

El cuerpo entra en un estado permanente de vigilancia y se prepara para atacar o huir en cualquier momento. Esto es estrés crónico.

Estrés y depresión son trastornos que van de la mano. Es frecuente encontrar en consulta personas que han estado sometidos a altos niveles de estrés durante largos periodos de tiempo y ni siquiera han sido conscientes de ello. Sólo han reaccionado buscando ayuda cuando perciben los síntomas depresivos. También podemos observar el proceso contrario, individuos que experimentan sus vidas desde una posición de victimización y esto les hace entrar en un estado de estrés que eleva sus niveles de cortisol.

  • ¿Cuáles son los factores que explican que una persona gestione mejor o peor sus emociones?

Son muchos los factores a tener en cuenta. Van desde los rasgos de personalidad, hasta factores ambientales o genéticos.

Crecer en una familia en la que se fomenta la expresión emocional y el respeto hacia los sentimientos propios y ajenos allana mucho el camino. Los niños aprenden por imitación y aceptan como normales las conductas de sus padres.

Las personas extrovertidas y comunicativas manejan mejor lo que sienten ya que se permiten compartirlo. Hablar sobre lo que nos preocupa es una solución eficaz en sí misma. Hablar libera muchísimo estrés.

La confianza en uno mismo es clave. A veces, la expresión emocional es percibida como una forma de debilidad. Alguien que se tiene en alta estima y se respeta, integra sus emociones como una parte más de sí mismo y no se juzga por ello.

El entorno cultural también es una variable importante. Hay culturas en las que no mostrar emociones es un rasgo apropiado mientras que en otras lo esperado es todo lo contrario. Esto lo podemos observar, por ejemplo, en la forma de afrontar los duelos. En algunos entornos, no es aceptable mostrar el dolor sin contención, mientras que en otros, se favorece la libre expresión del sufrimiento. Sabemos que la gestión emocional permite a la persona superar las distintas etapas del duelo hasta lograr la reintegración en la vida cotidiana.

  • ¿Qué importancia tiene el juicio o valoración que realizamos sobre lo que sentimos?

No elegimos lo que sentimos, sin embargo, hacemos un juicio de valor decidiendo si ese sentimiento nos parece adecuado o no. Si lo percibimos como correcto, y encaja en lo que el entorno considera aceptable, la expresión e integración del mismo se produce con normalidad. En cambio, si no podemos percibirlo como adecuado, aparece la culpa y, como consecuencia, la “negación” en muchos casos. Negar una emoción es como detener la digestión de un alimento. Tiene consecuencias desagradables y dolorosas. Darse permiso para sentir cualquier emoción sin juzgarse abre la puerta al perdón a uno mismo y a la liberación del conflicto.

El no juicio es una poderosa herramienta que, por sí misma, resuelve situaciones muy complejas. Aumenta la autoestima y el respeto hacia los demás y uno mismo.

¿Acaso alguien se enfadaría porque sus pupilas se agrandan en la oscuridad? Es algo que sucede como un acto reflejo. La emoción aparece de forma repentina, no la elegimos. Pero sí decidimos qué vamos a hacer con ella. ¿Le prestaré mucha atención? ¿Me voy a dejar arrastrar por ella? Es precisamente aquí donde podemos intervenir.

  • ¿Considera que nuestro sistema de creencias puede ayudan en unos casos a mejorar la salud y en otros a deteriorarla?

Las creencias determinan nuestra actitud frente a la vida y tienen un reflejo directo en nuestra salud. Podríamos definir dos grandes grupos:

  1. Sujetos pasivos: creen que la salud es fruto de factores externos y que poco pueden hacer para influir sobre ella. Buscan terapeutas que tomen el control de la situación y creen que son los especialistas y los medicamentos prescritos los que pueden devolverles la salud. La enfermedad es cuestión de mala suerte y no se puede sacar nada bueno de ella. Por ejemplo, tengo el colesterol alto y lo soluciono tomando medicación.
  2. Sujetos activos: creen que son los responsables de su bienestar. Buscan comprender el porqué y el para qué de la alteración. Se implican activamente realizando cambios en los factores necesarios. Ejemplo, tengo el colesterol alto, empiezo por hacer ejercicio y dieta sana.

Educar a las personas para que desarrollen un adecuado sistema de creencias es de vital importancia. Si concebimos la enfermedad como una oportunidad de crecimiento personal que nos pone frente a nuestros límites, el panorama cambia y mucho. Si la enfermedad no tiene nada que ver conmigo, tampoco habrá nada que yo pueda hacer. Nuestra implicación puede ir desde mejorar la dieta, hacer ejercicio, hasta planteamientos filosóficos profundos que nos ayuden a tomar conciencia del papel que desempañamos en la existencia.

En esta línea encontramos trabajos como los de Viktor Frankl, neurólogo, psiquiatra y filósofo austriaco que sobrevivió durante varios años a su internamiento en distintos campos de concentración nazis. Llegó a la conclusión de que sobrevivían aquellas personas que tenían un sistema de creencias que les ayudaban a soportar las duras condiciones de internamiento. Encontrando un sentido trascendente a la experiencia, la dotaban de significado y sus probabilidades de supervivencia aumentaban.

  • ¿Las emociones influyen en el proceso curativo de una persona?

Las emociones influyen en la aparición de la enfermedad y, en consecuencia, tienen la misma importancia en la recuperación de la salud. Con independencia de la dolencia que tenga, una persona que está animada y alegre tiene un mejor pronóstico en la recuperación. Lo hacen en menos tiempo y con menos complicaciones. Gestionan mucho mejor el estrés que acompaña a la enfermedad. Favorecen que todo su entorno viva la experiencia con aceptación y calma influyendo en la salud de los miembros de su familia. Y, desde luego, hace más fácil la intervención de los profesionales que le acompañan, ya que se transforma en un trabajo en equipo.

No hay emociones buenas o malas, hay buena o mala gestión de las mismas.

  • Y por último, podría recomendarnos un libro que nos permita seguir profundizando en el cuidado de nuestro bienestar emocional?

Tengo varios libros de referencia, pero quisiera destacar: La Biología de la creencia. Un texto que firma Bruce Lipton, me parece especialmente interesante y adecuado para el  tema que hemos tratado en esta entrevista.

RECOMENDACIONES Y PAUTAS DE VIDA para proteger nuestro sistema inmunológico

Emilia Guerrero, sugiere algunas medidas que podemos poner en práctica para gestionar de manera adecuada nuestras emociones y, en consecuencia, proteger nuestro sistema inmunológico.

Algunos pequeños trucos:

  1. Tomarse unos minutos por la mañana antes de empezar la rutina diaria para ser conscientes de cómo nos sentimos y poner en marcha estrategias control emocional si es necesario. Repetirlo en otros momentos a lo largo del día.
  2. Aprender a aquietar la mente y reducir el número de pensamientos con técnicas de respiración.
  3. No quejarse y poner el acento en el agradecimiento nos conecta con emociones positivas.
  4. Crear relaciones armoniosas con las personas de nuestro entorno.
  5. Hacer una lista de situaciones personales superadas con éxito que puedas consultar y recordar cuando las emociones negativas te superan.
  6. Vivir el momento presente. La mente tiende a buscar en el pasado y proyectarse hacia el futuro conectándonos con emociones que no corresponden a lo que experimentamos en este instante.
  7. Intentar hacer una interpretación neutral de las situaciones para encontrar buenas estrategias de resolución. El éxito favorece el buen funcionamiento del sistema inmunológico.
  8. Crear una buena autoestima haciendo énfasis en nuestros puntos fuertes y una autocrítica constructiva.
  9. Tener muy presente que “esto también pasará”. Las emociones son cambiantes y no duran para siempre.

Emilia Guerrero tiene su consulta privada en Madrid. Contacto: emiguerrero@yahoo.com

Además de seguir los anteriores consejos, puedes suplementar tu dieta con complementos alimenticios que contribuyen a la protección y el mantenimiento saludable de tu sistema inmunológico.

Laboratorios Heliosar dispone de una amplia variedad de complementos, de los que se exponen a continuación, se han seleccionado aquellos enfocados específicamente hacia la nutrición, regulación y mantenimiento del sistema inmunológico y otros que favorecen el correcto funcionamiento al sistema nervioso.

eupronap

EUPRONAP  Un producto desarrollado para el cuidado y mantenimiento del sistema defensivo. Entre sus componentes se encuentra hierro, y Vitamina C que contribuyen al funcionamiento normal del sistema inmunitario, así como plantas como Allium cepa, Berberis vulgaris, Echinacea angustifolia, Erica cinerea y Uncaria tomentosa, utilizadas tradicionalmente en la nutrición y mantenimiento del sistema inmunológico.

FERFOSPAG Complemento compuesto a base de oligoelementos bioinorgánicos que, por su contenido en hierro, contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario, así como a la formación normal de glóbulos rojos y hemoglobina, lo que favorece el transporte normal de oxígeno en el organismo. Asimismo, la misma presencia de hierro contribuye a la función cognitiva normal, sobre todo en casos de alteraciones emocionales acompañados de ansiedad.

relaspag

RELASPAG Jarabe a base de plantas medicinales, como Malva sylvestrisMelissa officinalisPassiflora incarnata y Tilia europaea, tradicionalmente empleadas en la regulación del sistema nervioso y Vitamina B12, que propicia el normal funcionamiento de este sistema, como en casos de nerviosismo, estrés o dificultad en conciliar el sueño y la disminución del cansancio y la fatiga.

SOMINGEL En su composición figuran plantas como Passiflora incarnataPlantago majorTilia europaeaValeriana officinalis y Verbena officinalis, tradicionalmente empleadas como relajantes del sistema nervioso junto a minerales como el Cobre, que contribuye al mantenimiento normal del sistema nervioso, y vitaminas como la Vitamina B6 que, además de reforzar el sistema nervioso, ayudan en el mantenimiento de la función psicológica normal. Todo ello, hace de Somingel un nutriente de los mecanismos de adaptación del sistema nervioso en casos de agitación o ansiedad.

somingel
prinadap

PRINADAP Complemento formulado a partir de vitaminas y plantas de uso tradicional que estimulan la capacidad adaptativa del individuo ante determinadas situaciones vitales que pueden generar estrés. Entre sus componentes vitamínicos encontramos a la biotina (también conocida como Vitamina B7, B8 o Vitamina H) y las vitaminas B2, B3, B6 y B12. Todas ellas contribuyen al normal funcionamiento del sistema nervioso y a la función psicológica normal. Los extractos vegetales de Artemisa vulgarisOriganum majorana y Papaver rhoeas tienen una acción tradicionalmente reconocida sobre el sistema nervioso, potenciando la acción conjunta con las vitaminas.

IMPORTANTE: Suplementar la dieta con complementos alimenticios NUNCA es sustitutivo de una alimentación variada y saludable.